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UN ROBOT, POR FAVOR

ANTÓN LUACES     En el caso del Prestige, posteriormente en el del Siempre Casina, a continuación en el del M.F. Díaz -por referirnos exclusivamente a intereses gallegos- se ha demandado por activa y por pasiva la existencia en buques de Salvamento Marítimo de un robot no tripulado que pueda ser utilizado en casos similares bien para trabajar en investigación, bien para localizar los cuerpos de náufragos que, previsiblemente, pueden hallarse en el interior de buques hundidos. Sólo en el del Prestige se pudo contar, tarde y mal, con un sistema propio que permitió la extracción de fuel. En el del Siempre Casina, se utilizaron medios de empresas privadas españolas que, finalmente, cumplieron su objetivo: localizar a los marineros cuyos cuerpos quedaban sin recuperar. Las circunstancias, sin embargo, son muy diferentes en relación con los dos maquinistas gallegos del buque namibio M.F. Díaz propiedad de una compañía participada por la multinacional gallega Pescanova.   Se alega que no es posible descender a esos 400 metros que, según Pescanova, es la profundidad a la que se encuentra el buque hundido tras un incendio en su sala de máquinas. Y miren por dónde, el buque Sarmiento de Gamboa, de investigación oceanográfica, que será entregado los próximos días, dispondrá en sus operaciones con un robot no tripulado y sumergible hasta 6.000 metros de profundidad para efectuar investigaciones pesqueras y de ecosistemas marinos y evolución climática en márgenes continentales y cuencas oceánicas. Es decir, el robot del Sarmiento de Gamboa podrá bajar 5.600 metros más de lo que sería necesario para comprobar, mediante cámaras, si están o no entre los restos del M.F. Díaz los cuerpos de los dos gallegos y el del namibio que ejercía como engrasador a bordo.   Es probable que Namibia no disponga de buques con medios similares al oceanográfico español -Francia dispone de algunos buques con tales características, y el Reino Unido dispone de otro buque con capacidad para operar este tipo de robots-.   De cualquier manera, la Armada española sí dispone de esos medios y en Cartagena lo conocen suficientemente. Si la Armada, en caso de necesidad, interviene en asuntos de salvamento y lucha contra la contaminación en el mar, ¿por qué no se puede satisfacer la necesidad de las familias de enterrar sus deudas, sin que éstos se queden para siempre en la mar?   Camino de los ocho meses desde la tragedia, buen se podía dar una satisfacción a quienes lloran en silencio dolorosas ausencias.