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UN ERROR DEBIDO AL CANSANCIO HIZO ENCALLAR AL BARCO EN LA GRAN BARRERA DE CORAL

SÍDNEY — Un error de navegación, debido al “gran cansancio” de un oficial, llevó a un buque mercante chino a encallar en la Gran Barrera de Coral en Australia, provocando importantes daños en una zona de excepcional biodiversidad marina, informaron este jueves las autoridades australianas. Según un informe de la Oficina de Seguridad de los Transportes, el oficial de guardia que pilotaba el barco en el momento del naufragio sólo había dormido dos horas y media en las 37 horas precedentes. “Una simple sucesión de errores por parte de un miembro de la tripulación extremadamente cansado llevó a la encalladura”, según el informe divulgado durante la comparencia el jueves ante un juez del capitán y el oficial en cuestión, detenidos e inculpados la víspera. El capitán chino, Wang Jichang, de 47 años, y el oficial vigía, Wang Xuegang, de 44, fueron liberados bajo fianza y comparecerán de nuevo del 9 de junio. Wang tuvo que entregar su pasaporte a la justicia australiana. El buque “Shen Neng 1”, que transportaba 68.000 toneladas de carbón, encalló el 3 de abril en un banco de arena frente a las costas del Estado australiano de Queensland (noroeste). Fue reflotado y remolcado hacia una isla el lunes. El accidente provocó la ruptura de un tanque del que salieron tres toneladas de carburante, que fueron bombeadas o diluidas con productos químicos. El buque dejó una cicatriz de casi 3 kilómetros en la Gran Barrera de Coral, zona turística protegida y el mayor arrecife de coral del mundo, que se extiende por más de 2.000 kilómetros. El capitán del barco puede ser condenado a pagar una multa de unos 55.000 dólares australianos (unos 51.000 USD) mientras que el oficial a cargo del timón en el momento del accidente puede ser condenado a tres años de prisión y una multa máxima de 220.000 dólares australianos (unos 205.000 USD).   COMENTARIO DE AEMC Destaca en primer lugar la celeridad con la que se han formulado conclusiones sobre las causas del accidente. Sorprende también que el desastre se atribuya a uno de los grandes males de navegación moderna: la fatiga de navegación, o si se prefiere, a  las condiciones inhumanas en las que se ven obligados a navegar muchos marinos por imperativo de sus armadores, con el consentimiento, amparo y certificación de las Administraciones Marítimas responsables, las que, a su vez, se refugian en ese gran templo burocrático e inoperante que es la IMO-OMI.   A la vista de cuanto antecede, habrá que preguntarse qué relación existe entre los previsibles sancionados con sus duras sanciones y los auténticos responsables y cómplices – por acción y omisión- de tanto accidente.   Que bien suenan las campañas sobre la prevención de riesgos laborales. Que noble compromiso el de “Navegación segura y mares limpios”.  Que formidables sería, si fuesen útiles para algo más que “hacer que se hace”. Sin embargo, el día a día viene a confirmar el abismo existente entre las declaraciones de tribuna y los titulares en los medios de comunicación y la verdadera praxis del sistema.