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México pierde millones de dólares en fletes al tener su Marina Mercante “hundida”

Ampliar esta corporación, afirma un especialista, reactivaría a la industria naval nacional

 

Raymundo Zúñiga Ortiz Veracruz, Ver. 07/10/2015

alcalorpolitico.com

Nuestro país hasta la fecha mantiene a la Marina Mercante hundida, la cual es fundamental para el comercio exterior, además de que representa que miles de millones de dólares por concepto de pago de fletes se dejen de captar, lamentó Francisco Valero Salas catedrático en la Escuela Náutica “Fernando Silíceo y Torres”.

Lo que sucede es que, afirma el Catedrático, tenemos funcionarios federales como que no entienden el verdadero desarrollo del sector marítimo. Incluso existe fobia porque en el pasado hubo problemas con buques. Entonces el problema es el poco conocimiento de la autoridad, pero también la poca difusión que le damos los propios marinos mercantes a la misma actividad. Es decir: no sabemos vender mejor nuestros servicios.

“Lo interesante es que disponer de una Marina Mercante permitiría a México tener un mejor desempeño en el plano mundial”, agregó.
 
Sí quedan algunas embarcaciones con bandera nacional, pero son contadas, especialmente en la sonda de Campeche como servicios de apoyo a la exploración, además de transporte de aspectos del petróleo, pero no existe una flota mercante como en el pasado.
 
La situación es compleja en la Marina Mercante, porque se tienen grandes demandas de oficiales, eso es positivo, los egresados de las escuelas náuticas pueden obtener un empleo, lo que nos preocupa es que no se tenga una marina mercante propia de transporte de gran calado.
 
Es importante aclarar que la Marina Mercante tiene la función de llevar y de traer mercancías, todo al comercio exterior, pero además de que el valor de los fletes se pueda quedar en México. Cuando se trata solamente de buques extranjeros como se da actualmente, esos fletes se van a esas naciones de donde provienen.

Otra repercusión económica positiva en nuestro país es que si se quiere tener una amplia Marina Mercante, ayudaría a reactivar la industria naval. Esto es una consecuencia. Precisamente hoy se busca ampliar la participación de los astilleros mexicanos y creemos que sin duda lo puede ser, no solamente en construcción, sino en reparación.

COMENTARIOS DE AEMC

Quizás el diagnostico de un país como México, tan familiar para los españoles, nos sirva como espejo para reconocer los rasgos propios de nuestro glorioso desastre marítimo. La diferencia es que acá, en esta  orilla del charco, son muchos los que se niegan a ponerse ante el espejo y reconocer lo que salta a la vista.

Tecnoburocracia naval, militarismo náutico e ineptitud política para gobernar los asuntos marítimos siguen siendo los demonios que impiden que España pueda desarrollar con normalidad sus potenciales como país marítimo privilegiado.

El espectáculo que se puede vivir a día de hoy en algunas capitanías marítimas, que están en manos de inexpertos náuticos. El intrusismo exhibido en todo su esplendor en el rescate del pesquero “Santa Ana”, en el Cabo de Peñas, y en otros muchos, dejan poco margen para dudar de la degeneración que esta sufriendo la Marina Civil. La gestión del accidente del buque “Oleg” en aguas canarias, por mucho que se quiera negar, ha sido lamentable.  Los informes periciales realizados por peritos que no lo son, la progresiva voladura de la administración marítima, la “capitanofobia” dominante, la segregación y la creación de nuevas profesiones en el seno de la marina de recreo,-cuando hay cientos de marinos civiles en paro, la inoperancia gratificada de las organizaciones que deberían representar y defender  a los marinos civiles, el aletargamiento naviero, la opacidad informativa, etc. están arrastrando a la Marina Civil española hacia el rebrote del militarismo náutico, que  históricamente la ha llevado al sometimiento y la ruina. 

No hagamos del “chisme” noticia. Los silencios son muchos y muy graves. Publíquense los datos que definen el estado real de la Marina Civil y se verá la magnitud del desastre.  

No culpemos a los políticos de nuestras desgracias. Si les damos la confianza, no serán ellos los únicos responsables de las mismas.